lunes, 20 de agosto de 2012

Cómo me amo

Creo que ninguna mujer del mundo me negará que se ve con alguna tara, por pequeña que sea. Si no es la cara es el cuerpo, el pelo, las uñas, las cejas... Joder, ¡qué rebuscadas somos!
Lógicamente yo también me incluyo en este saco colosal de mujeres inconformistas. Ya no sé a qué rímel recurrir para que parezca que tengo dos abanicos en los ojos al pestañear, ni qué color de pelo probar. Y es que después de tener una lucha titánica cada día con la ropa, cosméticos varios y mis rizos rebeldes consigo parecer humana.
Pero los Domingos de rizos despeinados, cara lavada y pijama y calcetines sin conjuntar me reconcilio con mis monstruos internos y tomamos un café. Y me siento libre.

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